viernes, 15 de julio de 2011

Enogastronomía como eje estratégico


La gastronomía y el turismo son dos pasiones personales que se están convirtiendo en eje estratégico de mi propia vida y mi marca personal. En el camino de reflexión que llevo unos meses atravesando, he afianzado mi convicción de que la gastronomía es el perfecto eje estratégico de diferenciación para el turismo de muchos destinos y que será en los próximos años la verdadera revolución en el campo turístico.

En un entorno donde las "postales" de lugares representativos las hemos visto una y mil veces a través de internet y de los medios de comunicación tradicionales; y en un mundo en el que las experiencias son la clave de la satisfacción turística y el eje de venta de destinos y empresas... ¿existe algo más experiencial que la gastronomía? ¿algo más diferencial entre destinos? Los viajeros actuales ya no volvemos contando que hemos visto esto o aquello (eso ya lo ha visto todo el mundo) Sino que hemos comido aquí o allá o hemos descubierto un nuevo plato que incluso mucha gente cocina a la vuelta para sus amigos. No es por casualidad que los alimentos y bebidas son los souvenirs más habituales en los viajes.

Mi referente en la gestión de la gastronomía como eje estratégico para el turismo es la región italiana de Emilia Romagna. Esta región viene a ser como el eje del Ebro alpino. En ella se concentran las principales denominaciones de origen de Italia y su aprovechamiento turístico es ejemplar. En la web de turismo la enogastronomía tiene una presencia destacada y en esa sección puede verse todo lo que esta zona puede ofrecer.

Pero apostar por la gastronomía o por un producto agroalimentario como el vino como eje de la oferta turística y tener éxito requiere algunos elementos básicos:

- Producto base de calidad. Debe existir un producto reconocido y reconocible y oferta en abundancia del mismo. Con un cerezo no se hace una ruta de la cereza... con una bodega no se hace un destino enoturístico.  Las denominaciones de origen, el reconocimiento del producto avala el éxito del uso de este elemento como eje de la oferta turística. Pero el producto potencial de base no es más que el principio.

- Crear producto turístico. El mercado agroalimentario es diferente del mercado turístico. Hay que crear este último, aunque esté basado en el primero. En el caso por ejemplo de una bodega, su mercado tradicional es el vino. El mercado turístico no compra vino, compra experiencias. Quiere un lugar que visitar (en fin de semana), quiere aprender sobre vino, conocer curiosidades e incluso experimentar lo que es hacer su propio vino... un mercado diferente, requiere la creación de productos diferentes, distinta distribución e incluso distinta comunicación y precio. En definitiva, es una línea nueva de negocio.

- Inversión en producto. En Emilia Romagna existen numerosos centros de interpretación y museos dedicados a difundir las particularidades de cada producto. En esta zona son tan numerosos los productos que tienen sus propias rutas, que se ha creado una "strada del gusto" También cada quesería, cada bodega e incluso cada alojamiento invierte en adecuar sus instalaciones para dar servicio a ese turista gastronómico de manera que pueda participar de la experiencia de la producción y no ser mero espectador.

- Oferta complementaria. En Italia tienen claro que no todo son visitas turísticas. "Mancharse las manos" es fundamental para la experiencia. Los cursos de cocina son un clásico en Italia, pero también conocer de primera mano como se elaboran los productos, pudiendo participar los visitantes en la propia elaboración y no visitar a los productores como meros espectadores. Los mercados son otro ejemplo perfecto de oferta complementaria que aquí aún no se han puesto en valor. Las oficinas de turismo que ofrecen abundante información temática. Y, por supuesto, los propios restaurantes y alojamientos que forman parte muy importante de la promoción turístico/gastronómica de una región. 

- Sinergias entre productores. Para formar rutas gastronómicas es fundamental relacionar a los productores de manera que puedan crearse rutas o visitas que combinen varios productos y consigan relaciones de alianza que puedan mejorar y aumentar las posibilidades de éxito de cada empresa individual.

- Compromiso público. Cuando se apuesta por un elemento clave como eje de diferenciación y promoción hay que ser coherente y constante. A veces, a lo largo de los años, cansa que un destino se relacione siempre con lo mismo, pero siempre hay formas de encontrar dentro de ese paraguas elementos de innovación que lo hagan diferente y vueltas creativas que consigan mantener el atractivo del destino. En lugares como España en que la promoción turística está en manos públicas, siempre hay miedo por apostar por un solo elemento como eje de la promoción turística por el temor a dejar de lado a otros sectores; pero el trabajo está en integrar a todos esos sectores dentro de la estrategia elegida. No es un camino fácil, pero sí muy fructífero a medio plazo.

Todo esto no se consigue en dos días y, como todo, lleva su tiempo y sus grandes dosis de trabajo y profesionalidad, empezando por la catalogación de los recursos, la puesta en valor de los mismos y la promoción posterior. Lanzarse a lo loco a la última parte, como suele hacerse, sin tener trabajadas las dos primeras, es decir, el producto turístico, no lleva más que al desencanto del visitante que no encuentra la experiencia gastronómica que se le prometía.

En esto, como en todo, el trabajo profesional y la visión estratégica se nota y mucho.