lunes, 12 de diciembre de 2011

Proyectos imposibles surfeando las olas


Llevo un año #nasf rodeada de proyectos imposibles. Proyectos que se soñaron un día, como Sindrome Up y que gracias a sus líderes, Iñigo Alli y Mariano Oto (sus blogs son maravillosos), empieza a convertirse en una realidad ayudado por personas que se enamoraron del proyecto, seguro que contagiados del síndrome up, que no es más que el entusiasmo que trasmite todo el que se acerca a esta iniciativa. Os recomiendo seguir este proyecto, que tendrá el próximo fin de semana su gran fiesta en torno al congreso, pero que no es más que el principio. Ya que todo este movimiento no hace más que sembrar una semilla de cambio, de innovación en las formas y en el fondo que dará más frutos en un futuro inmediato.

Con #nasf sucede lo mismo. A pesar de estar en primera línea desde el principio, me sigue costando explicar a la gente que no conoce este movimiento qué es NASF. La definición no es simple. Quizá la mejor forma de hacerlo es contando el objetivo: cambiar la sociedad, inocular el virus del emprendimiento, entendido como una actitud de ponerse al frente de diversos proyectos (no sólo crear empresas) y hacerlo desde la sociedad civil, basándose en personas, no en instituciones y subvenciones. Porque Nasf es sólo una "simple" agrupación de personas cuyo fin último es crear un ecosistema que facilite la generación de nuevos proyectos, no que mate la iniciativa como es el que tenemos ahora. 

Habrá quien piense que organizar una reunión mensual para escuchar los proyectos de otros no fomenta nada ni ayuda a cambiar el mundo. Probablemente es cierto. Lo que ayuda a generar ese ecosistema es la actitud de la gente que acude a esas reuniones. Al igual que el Síndrome up se contagia por la vía del entusiasmo, el espíritu Nasf también lo hace. Se renueva en cada reunión, en cada post en el blog, en Facebook, en Twitter, en Linkedin... Y en cada conversación con personas de ese entorno. 

Resulta muy enriquecedor a nivel personal y acelera tanto los cambios en la vida de algunos, que muchos hemos emprendido proyectos de diverso calibre, empresariales o sociales de un tiempo a esta parte. Quiero pensar que gracias a este espíritu Nasf, que ha cambiado la forma de ver la vida de algunas personas. Yo me cuento entre ellas. 

Cuando Rafa Aguilera y yo presentamos nuestra parte del viaje a San Francisco hicimos que todos los presentes formaran una red de conexiones con serpentinas que lo que querían es explicar que cuando hay mucha gente conectada con un hilo común, se forma una red que permite capturar el talento, el dinero, los recursos... Luego hay que ponerlo en valor. Mantenerse con la tabla en el agua, hace que cuando llega la ola, al menos tengas la oportunidad de cogerla. En eso estamos y para eso hemos trabajado este año, con mucho esfuerzo y sin ningún beneficio (al menos económico) Algo que poca gente entiende. 

El camino hasta aquí no ha sido fácil. Este año ha sido complicado. Probablemente uno de los más intensos de mi vida. Me ha costado algunas lágrimas y muchas sonrisas con momentos increíbles. Pero, cuando miro hacia atrás, siento que ha merecido la pena. Porque eso es vivir: llorar, reír, sentir... Y yo quiero vivir así mi vida. Me niego a tener una vida sin olas, sin altibajos. 

Sólo la posibilidad de estar en primera línea para coger la ola es un valor de participar en #nasf. La gente te cuenta sus proyectos y, muchas veces, puedes hacer algo para impulsarlos. Amén de la satisfacción de ver cómo crecen y se desarrollan o mueren pero dejan un poso de aprendizaje. Pero estar en el agua también te permite conocer a otros surferos, que piensan diferente, que cogen las olas de otra manera y que te enseñan a tener una visión diferente de la vida. 

Igual somos unos idiotas utópicos o estamos un poco locos, pero es que los proyectos imposibles de los locos son los más apasionantes. Hoy otro loco genial, Guillermo Nagore, ha hecho público su proyecto de vida para el próximo año. Sólo un tipo especial puede dejarlo todo para emprender un proyecto muy personal y rodearlo de una historia maravillosa que podéis conocer al detalle en su blog, sólo porque un médico le dijo que tenía que andar. ¿Otro proyecto imposible? No lo creo. Conozco su proyecto hace tiempo y espero que lo presente en Nasf y podamos colaborar en llevarlo a la práctica. Aunque no sea así, sé que lo conseguirá de todas formas. 

Desde que volví hace un año de San Francisco me gustan los proyectos imposibles, los propios y los ajenos. Me gusta que me obliguen a pensar de forma diferente, que me hagan replantearme mis convicciones, a pensar con las ideas de otros, a co-crear, discutir, defender mis ideas, aceptar las ajenas y defenderlas como propias, inspirarme con las vivencias de otros y participar de todo ello en primera persona, sin dejar que sean otros los que me lo cuenten. Todo eso lo consigo gracias a Nasf y, sobre todo, a las personas que me rodean en el agua esperando a coger juntos esas olas estupendas.